EL Rincón de Yanka

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martes, 22 de agosto de 2017

SOS PARA LA IGLESIA DE HOY: LAS IGLESIAS ESTÁN VACÍAS PORQUE ESTÁN VACIADAS DE ALMA


"Sin el Espíritu Santo, Dios queda muy lejano:
Cristo es una figura del pasado,
y el Evangelio no es más que una organización.
La autoridad es cuestión de propaganda,
y el amor cristiano una moral de esclavos.
Pero, con el Espíritu Santo el mundo resucita
y crece con los dolores de parto del Reino.
Cristo resucitado está realmente aquí,
y el Evangelio tiene poder de dar vida.
La Iglesia manifiesta la vida de la Trinidad,
la autoridad es una sabiduría liberadora,
la misión es un Pentecostés,
la liturgia es a la vez memoria y anticipación
las obras de los hombres son divinas".

Mons. Ignacio Hazim, 
metropolita ortodoxo de Lattaquié (Siria),
en la Asamblea del Consejo Mundial
de las Iglesias. Uppsala. 1968.
“Tú que duermes, despiértate,…No anden como tontos, sino como responsables. Sino que aprendan cuál es la voluntad del Señor. Más bien llénense del Espíritu Santo, y sométanse unos a otros por consideración a Cristo”. Ef 5, 14-15
“Por amor de Sión no callaré, por amor de Jerusalén no descansaré, hasta que despunte la aurora de su justiciay su salvación llamee como antorcha” Is 62, 1.
A todos los niveles,
el conocimiento de la realidad
determina el cambio.

NOSOTROS,
¿Cómo estamos? 
¿Cómo hemos llegado a esta situación?
Clero y laicado

Esta crisis deja al descubierto un grave desajuste de la Iglesia católica: su clericalismo. La Iglesia no son los curas, no son los obispos, no es el Papa. La Iglesia es el pueblo de Dios, un pueblo de iguales que, en cuanto bautizados, participan del único sacerdocio de Cristo. Lo primero, lo sustantivo es la comunidad. El ministerio ordenado, la jerarquía es servicio a la comunidad, no tiene razón de ser en sí y para sí, sino en referencia a la comunidad. No hay un estamento con voz y que tiene que realizar y decidir todo, y otro pasivo y reducido al silencio. Esta dicotomía es falsa, resta creatividad y pluralidad a la Iglesia, y no existía en las primeras comunidades cristianas, que eran más participativas y más iguales.

Pero ¿cómo ha de ser el ministro ordenado al servicio de la comunidad? ¿Casado o célibe? 

El Nuevo Testamento no impone nada en este punto y así ha sido durante muchos siglos. Solo en los últimos siglos la Iglesia católica de Occidente ha exigido el celibato, y sigue rehén de esta tradición. Pero la opinión en contra de esta exigencia es hoy mayoritaria en el pueblo cristiano. Al hacerla opcional, el carisma del celibato, en cuanto dedicación al evangelio con alma y corazón y a tiempo completo, brillará con luz propia, y por otro lado, se hará justicia a la santidad del matrimonio, en cuanto compatible con el ejercicio del sacerdocio ordenado.

Es el pueblo de Dios el que debe buscar y dotarse de ministros del altar sobre la base de una mayor flexibilidad, pues el reclutamiento clásico está agotado. Casados o célibes. Dedicados enteramente a las comunidades o a tiempo parcial y más próximos al modo de vivir de la gente: labradores, artesanos, de profesiones liberales. Viviendo de su trabajo, como Pablo, o de la comunidad como otros apóstoles. Se trata de abrir puertas. El ejemplo de Jesús nos invita a esta libertad. Recordemos que él fue un laico, alejado de los círculos sacerdotales, que trabajó con sus manos y eligió como apóstoles a pescadores y a un funcionario de aduanas, a casados, los más, y a célibes, uno al menos. 
¿Por qué enmendar la plana al Maestro?

El mensaje de Jesús que atraía a Gandhi y a tantos buscadores de espiritualidad y trascendencia no tiene edad, es válido y maravilloso para todo tiempo. No es moda retro ni vanguardista, como todo lo verdaderamente humano, es perenne. Pero la manera de predicarlo, como la nueva cocina, tiene que adaptarse a los nuevos y exigentes consumidores.

Los sermones, que los fieles soportan estoicamente casi siempre en off. Estos sufridores silentes deberían ser los primeros críticos de la predicación que consumen.

Los curas nunca fueron formados en el difícil arte de la predicación. Sí nos enseñaron a milimetrar el pecado y la longitud de las faldas, pero no a inspirar, hacer reír y crear un estado de ánimo gozoso y fraternal, la euforia del sí versus el no.

En Estados Unidos se filman los sermones del Obispo y de los curas para ser estudiados y criticados.

Los curas de la diócesis de París son aconsejados por los laicos para mejorar sus sermones. Menos grandes palabras, menos jerga eclesiástica, menos sermones leídos y más lenguaje coloquial como el que se tiene con los hijos y la mujer.

Menos declaraciones que enturbian las aguas sociales, ocupan a los tertulianos, llenan los periódicos y ocultan el rostro compasivo de Dios que no sabe de siglas y sí de amor.

No importa que crea menos gente, muchos han rechazado la herencia cristiana, sí importa que creamos más y mejor. La fe no es una herencia, es una elección.



El autor de este grito tiene 78 años. Hace tres años escribió una carta personal al papa, abriéndole su corazón sangrante. Ante la falta de respuesta, la ha hecho pública y circula ahora por todo el mundo. Ha hecho bien, porque su análisis es muy certero y debe ser compartido.
CARTA PERSONAL 
AL PAPA BENEDICTO XVI

Santo Padre:

Me atrevo a dirigirme directamente a usted, pues mi corazón sangra al ver el abismo en el que se está precipitando nuestra Iglesia. Sabrá disculpar mi franqueza filial, inspirada a la vez por “la libertad de los hijos de Dios” a la que nos invita San Pablo, y por mi amor apasionado por la Iglesia.

Le agradeceré también sepa disculpar el tono alarmista de esta carta, pues creo que “son menos cinco” y que la situación no puede esperar más.

Permítame en primer lugar presentarme. Jesuita egipcio-libanés de rito melquita. Desde hace tres años soy rector del colegio de los jesuitas en El Cairo, tras haber desempeñado los siguientes cargos: superior de los jesuitas en Alejandría, superior regional de los jesuitas de Egipto, profesor de teología en El Cairo, director de Caritas-Egipto y vicepresidente de Caritas Internationalis para Oriente Medio y África del Norte.

Conozco muy bien a la jerarquía católica de Egipto por haber participado durante muchos años en sus reuniones como Presidente de los superiores religiosos de institutos en Egipto. Tengo relaciones muy cercanas con cada uno de ellos, algunos de los cuales son antiguos alumnos míos. Por otra parte, conozco personalmente al Papa Chenouda III, al que veía con frecuencia.

En cuanto a la jerarquía católica de Europa, tuve ocasión de encontrarme personalmente muchas veces con alguno de sus miembros, como el cardenal Koening, el cardenal Schönborn, el cardenal Martini, el cardenal Daneels, el Arzobispo Kothgasser, los obispos diocesanos Kapellari y Küng, los demás obispos austríacos y otros obispos de otros países europeos. Estos encuentros se producen con ocasión de mis viajes anuales para dar conferencias por Europa: Austria, Alemania, Suiza, Hungría, Francia Bélgica…

En estos recorridos me dirijo a auditorios muy diversos y a los media (periódicos, radios, televisiones…). Lo mismo hago en Egipto y en Oriente Próximo.

He visitado unos cincuenta países en los cuatro continentes y he publicado unos treinta libros en unas quince lenguas, sobre todo en francés, árabe, húngaro y alemán. De los trece libros en esta lengua, quizá haya leído usted “Gottessöhne, Gottestöchter” [Hijos, hijas de Dios], que le hizo llegar su amigo el P. Erich Fink de Baviera.

No digo esto para presumir, sino para decirle sencillamente que mis intenciones se fundan en un conocimiento real de la Iglesia universal y de su situación actual.

Vuelvo al motivo de esta carta, intentaré ser lo más breve, claro y objetivo posible. En primer lugar, unas cuantas constataciones (la lista no es exhaustiva):

1. La práctica religiosa está en constante declive. Un número cada vez más reducido de personas de la tercera edad, que desaparecerán enseguida, son las que frecuentan las iglesias de Europa y de Canadá. No quedará más remedio que cerrar dichas iglesias o transformarlas en museos, en mezquitas, en clubs o en bibliotecas municipales, como ya se hace. Lo que me sorprende es que muchas de ellas están siendo completamente renovadas y modernizadas mediante grandes gastos con idea de atraer a los fieles. Pero no es esto lo que frenará el éxodo.

2. Seminarios y noviciados se vacían al mismo ritmo, y las vocaciones caen en picado. El futuro es más bien sombrío y uno se pregunta quién tomará el relevo. Cada vez más parroquias europeas están a cargo de sacerdotes de Asia o de África.

3. Muchos sacerdotes abandonan el sacerdocio y los pocos que lo ejercen aún –cuya edad media sobrepasa a menudo la de la jubilación–tienen que encargarse de muchas parroquias, de modo expeditivo y administrativo. Muchos de ellos, tanto en Europa como en el Tercer Mundo, viven en concubinato a la vista de sus fieles, que normalmente los aceptan, y de su obispo, que no puede aceptarlo, pero lo soporta teniendo en cuenta la escasez de sacerdotes.

4. El lenguaje de la Iglesia es obsoleto, anacrónico, aburrido, repetitivo, moralizante, totalmente inadaptado a nuestra época. No se trata en absoluto de acomodarse ni de hacer demagogia, pues el mensaje del Evangelio debe presentarse en toda su crudeza y exigencia. Se necesitaría más bien proceder a esa “nueva evangelización” a la que nos invitaba Juan Pablo II.

Pero ésta, a diferencia de lo que muchos piensan, no consiste en absoluto en repetir la antigua, que ya no dice nada, sino en innovar, inventar un nuevo lenguaje que exprese la fe de modo apropiado y que tenga significado para el hombre de hoy.

5. Esto no podrá hacerse más que mediante una renovación en profundidad de la teología y de la catequética, que deberían repensarse y reformularse totalmente. Un sacerdote y religioso alemán que encontré recientemente me decía que la palabra “mística” no estaba mencionada ni una sola vez en “El nuevo Catecismo”. No lo podía creer. Hemos de constatar que nuestra fe es muy cerebral, abstracta, dogmática y se dirige muy poco al corazón y al cuerpo.

6. En consecuencia, un gran número de cristianos se vuelven hacia las religiones de Asia, las sectas, la new-age, las iglesias evangélicas, el ocultismo, etcétera. No es de extrañar. Van a buscar en otra parte el alimento que no encuentran en casa, tienen la impresión de que les damos piedras como si fuera pan. La fe cristiana que en otro tiempo otorgaba sentido a la vida de la gente, resulta para ellos hoy un enigma, restos de un pasado acabado.

7. En el plano moral y ético, los dictámenes del Magisterio, repetidos a la saciedad, sobre el matrimonio, la contracepción, el aborto, la eutanasia, la homosexualidad, el matrimonio de los sacerdotes, los divorciados vueltos a casar, etcétera, no afectan ya a nadie y sólo producen dejadez e indiferencia. Todos estos problemas morales y pastorales merecen algo más que declaraciones categóricas. Necesitan un tratamiento pastoral, sociológico, psicológico, humano… en una línea más evangélica.

8. La Iglesia católica, que ha sido la gran educadora de Europa durante siglos, parece olvidar que esta Europa ha llegado a la madurez. Nuestra Europa adulta no quiere ser tratada como menor de edad. El estilo paternalista de una Iglesia “Mater et Magistra” está definitivamente desfasado y ya no sirve hoy. Los cristianos han aprendido a pensar por sí mismos y no están dispuestos a tragarse cualquier cosa.

9. Las naciones más católicas de antes –Francia, “primogénita de la Iglesia” o el Canadá francés ultracatólico– han dado un giro de 180º y han caído en el ateísmo, el anticlericalismo, el agnosticismo, la indiferencia. En el caso de otras naciones europeas, el proceso está en marcha. Se puede constatar que cuanto más dominado y protegido por la Iglesia ha estado un pueblo en el pasado, más fuerte es la reacción contra ella.

10. El diálogo con las demás iglesias y religiones está en preocupante retroceso hoy. Los grandes progresos realizados desde hace medio siglo están en entredicho en este momento.

Frente a esta constatación casi demoledora, la reacción de la iglesia es doble:

– Tiende a minimizar la gravedad de la situación y a consolarse constatando cierto repunte en su facción más tradicional y en los países del tercer mundo.
– Apela a la confianza en el Señor, que la ha sostenido durante veinte siglos y será muy capaz de ayudarla a superar esta nueva crisis, como lo ha hecho con las precedentes. ¿Acaso no tiene promesas de vida eterna?

A esto respondo:

– No es apoyándose en el pasado ni recogiendo sus migajas como se resolverán los problemas de hoy y de mañana.
– La aparente vitalidad de las Iglesias del tercer mundo es equívoca. Según parece, estas nuevas Iglesias atravesarán pronto o tarde por las mismas crisis que ha conocido la vieja cristiandad europea.
– La Modernidad es irreversible y por haberlo olvidado es por lo que la Iglesia se encuentra hoy en semejante crisis. El Vaticano II intentó recuperar cuatro siglos de retraso, pero se tiene la impresión que la Iglesia está cerrando lentamente las puertas que se abrieron entonces, y tentada de volverse hacia Trento y Vaticano I, más que hacia un Vaticano III. Recordemos la declaración de Juan Pablo II tantas veces repetida: “No hay alternativa al Vaticano II”.
– ¿Hasta cuándo seguiremos jugando a la política del avestruz y a esconder la cabeza en la arena? ¿Hasta cuándo evitaremos mirar las cosas de frente? ¿Hasta cuándo seguiremos dando la espalda, crispándonos contra toda crítica, en lugar de ver ahí una oportunidad de renovación? ¿Hasta cuándo continuaremos posponiendo ad calendas graecas una reforma que se impone y que se ha abandonado demasiado tiempo?
– Sólo mirando decididamente hacia delante y no hacia atrás, la Iglesia cumplirá su misión de ser ”luz del mundo, sal de la tierra, levadura en la pasta”. Sin embargo, lo que constatamos desgraciadamente hoy es que la Iglesia está en la cola de nuestra época, después de haber sido la locomotora durante siglos.
– Repito lo que decía al principio de esta carta: “¡SON MENOS CINCO!” –¡fünf vor zwölf!– La Historia no espera, sobre todo en nuestra época, en la que el ritmo se embala y se acelera.
– Toda operación comercial que constata un déficit o disfunción se reconsidera inmediatamente, se reúne a expertos, intenta recuperarse, se movilizan todas sus energías para superar la crisis. ¿Por qué la Iglesia no hace otro tanto? ¿Por qué no moviliza a todas sus fuerzas vivas para un aggiornamento radical? ¿Por qué? ¿Por pereza, dejadez, orgullo, falta de imaginación, de creatividad, quietismo culpable, en la esperanza de que el Señor se las arreglará y que la Iglesia ha conocido otras crisis en el pasado?
– Cristo, en el Evangelio, nos pone en guardia: “Los hijos de las tinieblas gestionan mucho mejor sus asuntos que los hijos de la luz…”

ENTONCES, QUÉ HACER?… La Iglesia tiene hoy una necesidad imperiosa y urgente de una TRIPLE REFORMA:

1. Una reforma teológica y catequética para repensar la fe y reformularla de modo coherente para nuestros contemporáneos. Una fe que ya no significa nada, que no da sentido a la existencia, no es más que un adorno, una superestructura inútil que cae de sí misma. Es el caso actual.
2. Una reforma pastoral para repensar de cabo a rabo las estructuras heredadas del pasado.
3. Una reforma espiritual para revitalizar la mística y repensar los sacramentos con vistas a darles una dimensión existencial, a articularlos con la vida.

Tendría mucho que decir sobre esto. La Iglesia de hoy es demasiado formal, demasiado formalista. Se tiene la impresión de que la institución asfixia el carisma y que lo que finalmente cuenta es una estabilidad puramente exterior, una honestidad superficial, cierta fachada. ¿No corremos el riesgo de que un día Jesús nos trate de “sepulcros blanqueados”?
Para terminar, sugiero la convocatoria de un sínodo general a nivel de la iglesia universal, en el que participaran todos los cristianos, católicos y otros, para examinar con toda franqueza y claridad los puntos señalados más arriba y los que se propusieran. Tal sínodo, que duraría tres años, se terminaría con una asamblea general –evitemos el término “concilio”– que sintetizara los resultados de esta investigación y sacara de ahí las conclusiones.

Termino, Santo Padre, pidiéndole perdón por mi franqueza y audacia y solicito vuestra paternal bendición. Permítame también decirle que vivo estos días en su compañía, gracias a su extraordinario libro “Jesús de Nazareth”, que es objeto de mi lectura espiritual y de meditación cotidiana.

Suyo afectísimo en el Señor,
Henri Boulad, S.J.
henriboulad@yahoo.com
Graz, 18 de julio de 2007

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SER O NO SER, HACER O NO HACER NADA POR VENEZUELA



“Ser o no ser, ésa es la cuestión” es la frase más famosa de las obras de Shakespeare. Es la frase introductoria del soliloquio de Hamlet y se encuentra en la escena 1 del acto 3 de la obra de teatro Hamlet, el príncipe de Dinamarca (escrita alrededor de 1600) .
Considerada y usada como síntesis de los procesos mentales de indecisión y duda, es una de las citas más famosas de la literatura universal y la más conocida de esta obra en particular.
La obra teatral Hamlet, the prince of Denmark o Hamlet, el príncipe de Dinamarca fue escrita alrededor del año 1603 por el dramaturgo inglés William Shakespeare (1564-1616).

Explicación de la frase: Ser o no ser de Hamlet

Hamlet queda devastado con la muerte de su padre el rey de Dinamarca. El famoso monólogo de Hamlet se sitúa en este contexto existencial sobre la vida y la muerte.
"Ser o no ser, ésa es la cuestión" introduce la lucha entre la vida y la muerte que Hamlet libra dentro de sí mismo. Se pregunta si es más noble aceptar los caminos del destino y de la fortuna o dar fin a la vida y así también a los sufrimientos que conlleva.
Hamlet continúa insinuando cómo la muerte es deseable porque es como dormir. Y cuando duermes es inevitable soñar. Y cuando sueñas es inevitable pensar en la vida lo que nos hacer ir en círculos y tomar una pausa en la acción de matarse. Ahí reside la existencia del infortunio.

La segunda parte del monólogo, Hamlet llega a la conclusión que la única razón por la cual soportamos una lista de horrores y sufrimientos en la vida es la conciencia de algo después de la muerte que desconocemos y frente a lo desconocido nos volvemos unos cobardes.


Hamlet concluye en su soliloquio de "ser o no ser" que el pensar sobre esa conciencia de la vida después de la muerte nos deja en la inacción. Por lo tanto Hamlet resume que debe dejar de pensar para actuar  (vengar la muerte de su padre). Y pide a su ninfa que le perdone todos sus pecados.


"Ser o no ser, esa es la cuestión. ¿Cuál es más digna acción del ánimo, sufrir los tiros penetrantes de la fortuna injusta, u oponer los brazos a este torrente de calamidades, y darlas fin con atrevida resistencia? 

Morir es dormir. ¿No más? ¿Y por un sueño, diremos, las aflicciones se acabaron y los dolores sin número, patrimonio de nuestra débil naturaleza?... Este es un término que deberíamos solicitar con ansia. Morir es dormir... y tal vez soñar. Sí, y ved aquí el grande obstáculo, porque el considerar que sueños podrán ocurrir en el silencio del sepulcro, cuando hayamos abandonado este despojo mortal, es razón harto poderosa para detenernos. Esta es la consideración que hace nuestra infelicidad tan larga.

¿Quién, si esto no fuese, aguantaría la lentitud de los tribunales, la insolencia de los empleados, las tropelías que recibe pacífico el mérito de los hombres más indignos, las angustias de un mal pagado amor, las injurias y quebrantos de la edad, la violencia de los tiranos, el desprecio de los soberbios? Cuando el que esto sufre, pudiera procurar su quietud con solo un puñal.
¿Quién podría tolerar tanta opresión, sudando, gimiendo bajo el peso de una vida molesta si no fuese que el temor de que existe alguna cosa más allá de la Muerte (aquel país desconocido de cuyos límites ningún caminante torna) nos embaraza en dudas y nos hace sufrir los males que nos cercan; antes que ir a buscar otros de que no tenemos seguro conocimiento?
Esta previsión nos hace a todos cobardes, así la natural tintura del valor se debilita con los barnices pálidos de la prudencia, las empresas de mayor importancia por esta sola consideración mudan camino, no se ejecutan y se reducen a designios vanos. Pero... ¡la hermosa Ofelia! Graciosa niña, espero que mis defectos no serán olvidados en tus oraciones".



El dilema que el autor de "Hamlet", de quien se cumplen 400 años de su muerte, según el Calendario Gregoriano, el 3 de mayo, planteó a través de la humanidad herida del Príncipe de Dinamarca, también encuentra ecos en directores de teatro, actores, cineastas, músicos, ensayistas, galeristas y escritores venezolanos... 
Juan José Martín
Director de teatro

“Ser o no ser, o ‘hacer o no hacer’. Esa es la duda. Nos acostumbramos tanto a esa expresión, la frase más famosa del teatro occidental, que se nos ha hecho muy difícil comprender su sentido profundo, el efecto de su parca elocuencia (¡qué paradoja!). O, quizás, Shakespeare la puso en boca de Hamlet porque sonaba bien y se quería burlar de su personaje y de nosotros. Quién sabe. En todo caso, el hombre es lo que hace. En su hacer, en sus acciones, está su ética, y sin ella perdería su humanidad. Lo humano es discriminar lo bueno de lo malo, lo preferible de lo inútil, lo central de lo desechable. Ser o no ser, o hacer o no hacer significa para mí que lo medular de lo humano es que solo podemos hacer. En realidad la frase es una hermosa pieza de retórica sencillez: ser o no ser, es decir, frente a la realidad, lo humano es hacer. Porque el ser halla sus contornos, su forma, en el hacer. La moral: lo que haces. Y no puedes no hacer, porque eso significaría no ser”. 

José Tomás Angola
Director y dramaturgo 

Desde que fue escrito a principios del siglo XVII, este conflicto retumba en todos los seres humanos, esperando que cada uno de nosotros le dé la respuesta que juzgue correcta. Sin embargo, los venezolanos del presente deberíamos leer un poco más adelante en el soliloquio. Justo el fragmento que dice: “¿Quién soportaría los ultrajes y desdenes del mundo, los agravios del opresor, las afrentas del soberbio, (…) la tardanza de la ley, las insolencias del poder?”. Ante esas dudas cerca de 30 millones de venezolanos se debaten hoy, como Hamlet. Cada uno de ellos tendrá que tomar su propia calavera, mirarla a los ojos y responderse”.



Ser o no ser: 
jóvenes llaman a recuperar 
la libertad en Venezuela

Un grupo de jóvenes venezolanos. que prefieren resguardar sus nombres, enviaron a El Nacional Web un video en el que llaman a recuperar la libertad en Venezuela.

En la producción audiovisual realizaron una reinterpretación del monólogo "Ser o no ser", de Hamlet de William Shakespeare, bajo la perspectiva de la crisis del país. 

El trabajo está hecho con proyección de las protestas y un estilo de cámara que parece una "fe de vida": Hamlet pareciera haber sido secuestrado y torturado. 

De este modo invitan a "dejar el miedo" y defender la libertad.


SER O NO SER: RECUPERAR LA LIBERTAD DE VENEZUELA

"Ser o no ser, he allí el dilema. 
¿Qué es más digno para el hombre?: 

Sufrir los golpes de la injusticia o hacerle frente con determinada oposición. Morir es dormir y nada más... Y con un sueño damos fin a todo sufrimiento y al dolor patrimonio de nuestras debilidades. Entonces, esa es una salida que deberíamos ansiar: 

Morir, dormir, quizás soñar. Sí, y he allí el gran obstáculo, porque si te pones a pensar en todos los sueños que vendrá en el silencio del sepulcro cuando hayamos abandonado este despojo mortal, es razón bastante suficiente para detenernos. Porque esa consideración, ese miedo es el que hace nuestro sufrimiento tan largo, porque sin ese miedo quién aguantaría la lentitud de los tribunales, la grosería de quienes deberían servirnos, la humillación que recibe el hombre humilde del hombre indigno; la angustia de un mal pagado amor, la burla del que se hace cada vez más anciano, la violencia del tirano, el desprecio del soberbio, cuando nosotros los que sufrimos pudiéramos procurar su quietud con un solo puñal. 

Quién pudiera soportar tantas injusticias sino es por el miedo, y por este miedo que nos hacemos unos cobardes, y así, la natural pintura del valor se debilita ante los barnices pálidos de la prudencia y las empresas en buenas intenciones tuercen el rumbo y no se ejecutan y se reducen a puros despropósitos..."



lunes, 21 de agosto de 2017

🎶 HISTORIA DE UNA CANCIÓN DE PELÍCULA: "OH, MY DARLING CLEMENTINE"



Oh My Darling, Clementine es una canción popular estadounidense usualmente atribuida a Percy Montrose aunque algunas veces se atribuye a Barker Bradford. Se cree que la canción está basada en otra canción anterior llamada Down by the River Liv'd a Maiden de H. S. Thompson. Esta, a su vez, está basada en la balada Dónde vas, buen caballero, originaria de España y transmitida a los mineros anglohablantes por los buscadores de oro mexicanos durante la Fiebre del Oro de California en el siglo XIX, según apunta Gerald Brenan.


La canción más bonita y más extraña del Western en la película más bonita de la historia del cine. Y utilizo el término “bonito” intencionadamente. 
Es muy posible que la canción (su música) tenga su origen en el Romancero español (sobre todo para el romance del Conde Olinos), y así llegó más o menos transformada hasta los mineros mejicanos de la California hispana del s. XIX, que la transmitieron a sus compañeros angloparlantes, los cuales se quedaron con el aire y le cambiaron la letra (en realidad, tiene muchas letras; no olvidemos que aquí el "¿Dónde vas Alfonso XII?..." fue popular hasta hace muy poco).

La canción tomó fama rápidamente entre grupos de scouts. Ha sido cantada en innumerables acampadas y excursiones al bosque que organizan estos grupos.

Oh My Darling, Clementine es la cancioncilla que siempre va cantando Huckleberry Hound. Debido a esto, la protagonista del filme Eternal Sunshine of the Spotless Mind se llama Clementine.


La canción se ha convertido en un himno para algunos equipos de fútbol del Reino Unido y se canta durante los encuentros.




en 1946 por John Ford, considerada una de sus obras maestras, uno de los grandes westerns de la historia del cine, y 
la película que mejor cuenta la historia de Wyatt Earp. 
Basada en una biografía de Wyatt Earp publicada en 1931 por Stuart N. Lake, la película narra el famoso duelo conocido como Tiroteo en el O.K. Corral, que enfrentó a los hermanos Earp y a los Clanton. Según el director, el duelo está rodado tal como se lo contó en su día el propio Wyatt Earp cuando le conoció en Hollywood. El papel de Earp es interpretado en la película por el actor Henry Fonda.

A Wyatt Earp, antiguo sheriff de Dodge City le ofrecen la vacante como comisario de la ciudad de Tombstone, tras haber desarmado a un peligroso delincuente. En un principio Wyatt rechaza el puesto, porque ahora se dedicaba al negocio del ganado junto con sus hermanos. Pero la muerte del menor de sus hermanos lo hace decidirse por aceptar la vacante y nombrar a sus hermanos como ayudantes. No tarda Wyatt en hacer amistad con un jugador y pistolero llamado Doc Holliday. Éste ayudará a los Earp en su lucha contra los Clanton y finalmente participará en el duelo en el Ok Corral, donde el clan Earp acabará con los Clanton.




In a cavern, in a canyon,
Excavating for a mine
Dwelt a miner forty niner,
And his daughter Clementine
Oh my darling, oh my darling,
Oh my darling, Clementine!
You are lost and gone forever
Dreadful sorry, Clementine
Light she was and like a fairy,
And her shoes were number nine,
Herring boxes, without topses,
Sandals were for Clementine.
Oh my darling, oh my darling,
Oh my darling, Clementine!
You are lost and gone forever
Dreadful sorry, Clementine
Drove she ducklings to the water
Ev'ry morning just at nine,
Hit her foot against a splinter,
Fell into the foaming brine.
Oh my darling, oh my darling,
Oh my darling, Clementine!
You are lost and gone forever
Dreadful sorry, Clementine
Ruby lips above the water,
Blowing bubbles, soft and fine,
But, alas, I was no swimmer,
So I lost my Clementine.
Oh my darling, oh my darling,
Oh my darling, Clementine!
You are lost and gone forever
Dreadful sorry, Clementine
How I missed her! How I missed her,
How I missed my Clementine,
But I kissed her little sister,
I forgot my Clementine.
Oh my darling, oh my darling,
Oh my darling, Clementine!
You are lost and gone forever
Dreadful sorry, Clementine 

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En la cueva, en el cañón
Excavando en busca de una mina
Vivía un minero del cuarenta y nueve
Y su hija Clementine

Oh mi adorable, oh mi adorable
Oh mi adorable Clementine
Te has perdido e ido para siempre
Lo siento muchísimo Clementine

Liviana era y como un hada
Y sus zapatos del número nueve
Cajas de arenque sin tapadera
Eran sandalias para clementine

Oh mi adorable, oh mi adorable, etc
...
los patos hacia el agua
Todas las mañanas justo a las nueve 
Tropezó su pie con una astilla
Y cayó en el espumoso mar

Oh mi adorable, oh mi adorable,etc
...
Sus labios de rubí sobre el agua
soplando pompas suaves y lindas
Pero, ay, yo no nadaba
Así que perdí a mi Clementine

Hay un jardín de iglesia en la ladera
Donde las flores crecen y se entrelazan
Allí hay rosas entre ramilletes
Fertilizados por Clementine