EL Rincón de Yanka

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EL CAMINO DE CUARESMA

EL CAMINO DE CUARESMA








miércoles, 21 de febrero de 2018

INFANTICIDIO E INDIFERENCIA COBARDE Y CÓMPLICE DE LOS ADULTOS




A Rosa Jiménez y su familia, 
sintiendo su dolor como mío.

I
Hace cuatro años, hablé de la muerte de Leonel Piñango, un niño asesinado por un GNB, mientras volaba papagayo con unos amiguitos. Un caso espantoso. Dolió en aquel entonces.

Una vez , hablé de lo que creía era el Infanticidio Nacional a raíz de la detención de un niño en una protesta en Caracas, llevado a rastras por un policía. Indignó en aquel entonces.

Vendrían luego los casos del niño Kluivert Roa, de Neomar Lander y de tantos, tantos muchachos, que ya se cuentan por miles. Solo hablando de los conocidos. Si vamos a los anónimos, llegamos a las decenas de miles o quien sabe. Horror mayúsculo.

Pero el horror es mayúsculo y doble, pues no solo es el horror que se padece, sino el horror magnificado por la indiferencia de quienes viendo el padecimiento, viven como si nada pasara. No parecen conmoverse millones ante el sufrimiento de miles. Como si no lo vieran, como si la compasión se esfumó de la sociedad.

Pero, a pesar de esa indiferencia adulta, que creció y se enquistó, el horror siguie, sin detener su marcha ni su ritmo.

II
Desde el 20 de julio de 2013, la emisora Radio Caracas Radio me ha dado refugio en sus estudios, junto a Nehomar Hernández, para dar a conocer mi opinión y, mucho más importante, conocer la opinión de la inmensa audiencia que tiene la emisora. De esa manera, durante casi cinco años, hemos logrado conocer de primera mano las angustias de quienes nos llaman o escriben, de sus vivencias, de sus tristezas y alegrías, en medio de tanto horror. Y de algunos, casi somos familia ya.

Muchos de nuestros oyentes actuales, nos acompañan desde ese primer día sábado. Un programa sabatino donde se hablaba de política y se permitía la participación de la audiencia, que por varios avatares del destino, pasó a ser de emisión diaria cuando durante la semana empezaron a quedar espacios vacíos producto de la censura del régimen contra compañeros como Iván Ballesteros o Nitu Pérez Osuna. Voces que siempre estaban allí para hacer sentir su presencia y su opinión, a veces de acuerdo a veces en desacuerdo, con lo que debatíamos. Teresa Padilla, Luis Chirinos, Luis Cruz, Alegría González, Francisco Romero, Rosa Jiménez. A Rosa, de Guatire, la empezamos a conocer como “la cabillera de Guatire” como ella misma se bautizó, porque siempre lograba que la llamara le cayera y siempre opinaba, de forma bastante graciosa, sobre hechos que complicaban la vida de los venezolanos y que el régimen acostumbraba dejar servido en bandeja de plata para la burla.

Esta semana, escuchando a Thays Peñalver en su programa de los mediodías en la emisora, con atención oía a Thays conversar con la siempre puntual Blanca Rosa Mármol sobre la justicia en el país. Y al abrir las llamadas, allí estaba Rosa Jiménez, de Guatire, con su tono de voz habitual de siempre. Y participa para decirle a Thays algo así: Este fin de semana que pasó, en el hospital de Guatire nacieron unos gemelos prematuros, sietemesinos. No había incubadora en condiciones para tenerlos y los dos bebes murieron. Y Rosa remata diciendo. “Doctora ¿y sabe por qué se todo eso? Porque esos bebes eran mis bisnietos”.

Un inmenso corrientazo me recorrió la columna. Un corrientazo físico. Me sentí electrocutado al escuchar a Rosa, normalmente jocosa y alegre a pesar de las circunstancias, con la voz quebrada y triste, gimiendo su dolor de madre, de abuela, de bisabuela. Su impotencia. Me quedé atónito. Quise correr a abrazarla y llorar con ella.

Las palabras con las que Thays y Blanca Rosa Mármol respondieron a esa noticia tan terrible, fueron para mi un complemento a mi estupor. El reclamo de Thays y de Blanca Rosa, fue el reclamo también de dos madres y de dos abuelas, pero también de dos ciudadanas venezolanas que señalaron al sitio de la sociedad donde están los indiferentes a ese dolor. La pregunta que quedó en el ambiente fue ¿Dónde están ustedes, los que gritaban “con hambre y desempleo, con Chávez me resteo?” ¿Dónde están ustedes, los que gritaban “Así es que se gobierna” cada vez que el insepulto comandante de la desgracia gritaba “¡Exprópiese!”? ¿Dónde están ustedes, los que se enorgullecían de chocar el puño contra su palma, a modo de saludo amenazante, cuando veían a opositores expresándose en las calles?

¿Y dónde están ustedes, los que se iban a la playa cuando había marchas opositoras? ¿Dónde están ustedes, los falsos ciudadanos que creen que su único deber es ir a votar cuando lo convocan, sin importarle que hacen con su voto ni con el resultado de esas elecciones, sin reclamarle a los dirigentes que una y otra vez los llevan a votar, enclaustrados todos en un electoralismo que usan de coartada para su superioridad moral?

¿Donde están? ¿A dónde se fueron todos?

III
Es indiferencia en principio pero indolencia al final. Sobre la tumba de la República está la lápida de la indolencia nacional e internacional. Adornan esa lápida, epitafios como “Bueno, qué le vamos a hacer”. Internacionalmente, la indolencia, la indiferencia y la irresponsabilidad, se presentan cínicamente en discursos de personajes como Juan Manuel Santos y su canciller María Holguín, quienes hoy, en los últimos meses de sus largos ocho años de gestión de gobierno en Colombia, se horrorizan porque hay venezolanos dumiendo en sus estaciones de buses, vendiendo chucherías en los semáforos o colmando pasos fronterizos. Indignada la Canciller, reclama la situación con las parturientas venezolanas que llegan a hospitales públicos colombianos, desconociendo lo que significa parir en Venezuela, pero “haciéndose la paisa” a su vez con la responsabilidad que tiene con el agravamiento de la situación en Venezuela, al pasar 7 de sus ocho años de gestión sirviendo de aguantapatas a la tiranía chavista, a la cual se negaba a condenar, con la cual colaboraron entregando perseguidos como Lorent Saleh y Gabriel Valles a un régimen que los encarcelo y torturó sin permitirles siquiera tener un juicio.

El indiferente gobierno colombiano y su indolente Canciller, su Nobel presidente y su irresponsable opinión pública, puso alma, vida y corazón en ignorar la situación en Venezuela para no incomodar al régimen venezolano en medio de ese proceso de paz con la narcoguerrilla de las FARC, haciendo una “Operación Chamberlain” donde se les dio a escoger entre la desvergüenza y la guerra, escogieron la desvergüenza y, parafraseando a Churchill, tendrán también la guerra. Esos desplazados venezolanos son víctimas, muchos, de sí mismos por haberse negado a luchar contra el régimen que hoy los hace huir. Pero son también víctimas de la indiferencia de quienes creen que a ellos no les pasará lo mismo pronto, o de quienes pudiendo hacer algo desde sus posiciones para evitar la metástasis, le dieron más cigarros gratis al amigo con enfisema.

Y la indolencia sigue su curso. La indiferencia llegó a la adultez mientras los niños venezolanos siguen esperando su turno en la lista de la desgracia: pueden morir de hambre o de enfermedad, de parto o de sobresalto, de un balazo o con una bomba lacrimógena lanzada a mansalva a la cabeza. De miedo, de llanto. De cualquier síntoma.

Pero la enfermedad es la indiferencia convertida en su etapa superior: Indolencia.

IV
Aquí, en mi exilio que apenas comienza, cuando camino por las tranquilas calles alemanas llenas de historia, me pregunto ¿Cómo hablarán los historiadores del futuro de esta Venezuela que nos vio partir a muchos, que vio morir a tantos y que padece tanto horror? Ayer, hundido entre los libros de la biblioteca pública que me refugia todas las tardes en esta ciudad, me respondí: De esta Venezuela dirán los historiadores que no es más que una tierra llena de padres sin hijos, de abuelos sin nietos y de niños que cargan ataúdes de otros niños, mientras esperan su turno para morirse también.
A veces, el gentilicio es, más que una nacionalidad, un dolor.

martes, 20 de febrero de 2018

❤ EL FARISEO DEL QUE SE HABLA EN LAS SANTAS ESCRITURAS SOY YO MISMO

EL FARISEO DEL QUE SE HABLA 
EN LAS SANTAS ESCRITURAS SOY YO

Jesús vino para poner a una ramera por encima de un fariseo, al ladrón penitente por encima del sumo sacerdote, y al hijo pródigo por encima de su hermano ejemplar. Para todos los farsantes y falsarios que dirían que nunca podrían unirse a la Iglesia porque su Iglesia no era lo suficientemente santa, les preguntaría: “¿Cómo de santa debe ser la Iglesia antes de que usted entre en ella?” (Fulton J. Sheen)
Me parece frustrante cuando la gente habla de los fariseos como si fueran sólo un ejemplo histórico de lo que no hay que hacer.
Algo que no tiene nada que ver con nosotros.
De hecho, muy a menudo, cuando la gente habla de los fariseos, en realidad habla como ellos: “¡Gracias a Dios, no soy como esa gente!”
Sí, es obvio que Jesús no se limitaba a considerar a esos hombres como ejemplos de lo que no hay que hacer. Por ejemplo, muchas veces estaba con ellos. Iba a sus casas. Comía su comida. Perdía el tiempo con ellos, respondía a sus preguntas.

Si la Escritura denuncia a los fariseos, cuando la leo me está denunciando a mí. Como consecuencia lógica, también denuncia el fariseísmo en general, pero lo primero que hace es denunciar mi propio fariseísmo, que sin duda lo tengo. Cuando leo o escucho que el “puñetero” Pilatos se desentiende de la verdad y la justicia, que Herodes sólo quiere ver prodigios, que el joven rico está muy apegado a sus bienes, no me estoy enterando de nada si pienso que eso está escrito para Luis, Yolanda, Antonio o Juan Nadie. La Palabra de Dios me dice eso a mí, porque soy un cobarde que se avergüenza de la verdad del Evangelio a poco que el Mundo me esté mirando, porque le pido milagritos y consuelos constantemente al Señor y me enfurruño si no me los da y porque para librarme de los bienes a los que está apegado mi corazón necesitaría una flota entera de camiones de mudanzas.

Del mismo modo que el principio de la sabiduría es el temor del Señor, lo primero que hace falta para comprender por qué en el Evangelio hay palabras tan duras contra los fariseos, Herodes, los ricos, los soberbios, los que no acogen a los que predican el Evangelio, los que no se visten de fiesta para el banquete del Reino, los satisfechos de sí mismos, los que dicen que tienen fe pero no tienen obras, los que no creen o los que pecan contra el Espíritu Santo, entre otros, es reconocerse a uno mismo en ellos. Como dice la Carta a los Corintios, estas cosas sucedieron como ejemplos para nosotros, para que no codiciemos cosas malas, como ellos codiciaron, y no seáis idólatras, como algunos.

Para entender de verdad lo que es el fariseísmo, hay que empezar diciendo, por obra de la gracia de Dios: el fariseo soy yo. No hay otro camino. O mejor dicho, hay otros caminos, pero son caminos que llevan inevitablemente al doble fariseísmo, al fariseizar fariseando del que hablábamos: “gracias, Señor, porque no soy como estos fariseos”. 

San Pablo lo entendió perfectamente: Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, entre los cuales yo soy el primero.

Como también decía un lector hace poco, la primera consecuencia de encontrarse con la luz de Cristo es que uno se da cuenta de que es feo de narices, porque ve sus propias arrugas y verrugas. Se encuentra así con la paradoja fundamental del cristianismo: siendo nosotros pecadores, Cristo murió por nosotros. Dios nos ha amado y nos ha salvado sin que lo mereciéramos. Por pura gracia habéis sido salvados.

No es de extrañar que esa gran experiencia paradójica tenga dos consecuencias también paradójicas: por un lado, un gran amor y una gran paciencia con los pecadores y, por otro, un terrible odio al pecado. Cuando falta una de las dos cosas, es señal de que la paradoja fundamental del cristianismo se ha sustituido por algún tipo de ideología humana, meramente humana, que no puede salvar.

Jesús amaba a los fariseos
No creo que él les hubiera hablado tan duramente si no les amaba. Es más bien como si Jesús les estuviera mostrando su frustración, “¡ya estáis llegando! ¡sólo seguidme un poco más de cerca!”

San Pablo era un fariseo, lo que evidencia que el celo y la escrupulosidad mal dirigidas pueden orientarse hacia un asombroso celo por la evangelización y la santidad.

Por esto creo que es importante que los fieles cristianos pongan atención a los fariseos y a la crítica de Jesús hacia su conducta. Si vamos a la Iglesia, conocemos nuestra fe y ponemos a Dios en primer lugar, entonces todos corremos el peligro de comportarnos como los fariseos. De hecho, podemos estar bastante seguros de que vamos a actuar como ellos en un momento u otro.

Si logramos darnos cuenta de cuándo nuestro comportamiento es similar al de ellos, en sentido negativo, entonces podremos tratar de convertirnos en una persona que observa la fe cristiana con la intensidad y el equilibrio que Pablo mostró y que Jesús alentó.

Teniendo esto en mente, he aquí cinco signos de un fariseo moderno, según las Escrituras:

La levadura del desasosiego
Jesús nos dice que tengamos cuidado “con la levadura de los fariseos” (Mc 8, 15).

Es interesante considerar el papel de levadura o de la fermentación en la fabricación de pan. Comienza pequeña, pero infecta todo el pan. De hecho, una de las definiciones de la palabra fermento es “incitar o provocar (problemas o trastornos)”.

Cuando nos comportamos como los fariseos, creamos problemas entre los fieles. A menudo, nuestras intenciones son buenas. Pero nuestras acciones causan gran malestar, un fermento insano y poco santo en la mayor parte de los fieles. Podemos discernir si el desasosiego es saludable mediante el análisis de sus frutos.

Si el fruto de la “levadura” de una persona es el miedo, el enfado, el desasosiego, en lugar de la paz, el amor, la alegría y el resto de frutos del Espíritu, tenemos que estar en guardia. El Señor no actúa allí donde los frutos del Espíritu no están presentes. Y especialmente, no está presente allí donde el fruto de las acciones de una persona es el temor: “No hay temor en el amor” (Jn 4, 18). Cuando nuestro comportamiento es un fermento santo, lleva a los demás a desear la santidad, a acercarse a Dios y a actuar con caridad.

Jesús, ayuda a que mis palabras y obras lleven a los demás a la santidad y a experimentar a Dios y los frutos del Espíritu.

Expertos en vigilancia
Hay un evangelio que me hace reír a carcajadas cada vez que lo leo. Jesús está caminando por el campo con sus discípulos en sábado, y los discípulos arrancan trigo porque tienen hambre. Los fariseos (¡que debían estar escondidos en los campos!) aparecen e inmediatamente se enfrentan a Jesús porque sus discípulos están violando el sábado (Mc 2, 23–24).

Los extremos a los que llegan los fariseos para decir que Jesús y sus seguidores estaban equivocados son de verdad absurdos. Variaciones de la frase “estaban vigilándole” pueden encontrarse por todas partes en los evangelios. Mientras Jesús está ocupado curando, haciendo milagros y predicando el reino de Dios, los ojos de los fariseos están siempre encima suyo, no para aprender de él sino para encontrar algo que esté haciendo mal.

Rara vez hay un comentario en internet que no sea básicamente “Sí, pero …”. Nos encanta pasar el arado en todas las cosas buenas para encontrar justo esa parte en la que hay algo que no va bien. Nos convertimos en fariseos cuando siempre miramos hacia afuera con un ojo crítico. Nada es nunca lo suficientemente bueno para el fariseo. Y nada merece regocijo, a menos que sea la caída de los demás.

Jesús, ayúdame a fijarme en ti, no como los fariseos, sino como un niño que no quiere más que imitar a su papá. Ayúdame a ver la dignidad de los demás como tu los ves, y a tratar a los demás con respeto y gran amor.

Gracias a Dios no soy como…. (quien sea)
Todos nos acordamos del fariseo de la Escritura que estaba de pie y rezaba diciendo, “Te doy gracias Señor porque no soy como este y este” (Lc 18, 11).

Este fariseo de verdad creía que la oración adecuada suponía reconocer todo lo que hacía bien. Este es el peligro de estar cerca de la derecha: empezamos a creernos algo por ello. Nos fijamos en otros que están haciendo las cosas mucho peor, y asumimos que escapamos de ese camino porque algo de lo que somos nos hace mejores.

Pensamos, mis pecados pueden ser malos, pero gracias a Dios no son tan malos como los de esa persona. Gracias a Dios no soy como ese liberal que todo lo acepta, ese estirado tradicionalista, ese progresista hereje, ese carismático loco, ese conservador atrapado en el pasado o ese católico ignorante.
O incluso estás leyendo esto y pensando, ¡gracias a Dios no soy un fariseo!
El problema con esta manera de pensar, y es evidente en la conducta de los santos, es que la verdadera santidad se fija en lo que necesita mejorar en uno mismo. Y si los santos podían encontrar en sí mismos muchas cosas que mejorar, esta es la actitud que deberíamos tener.

Jesús, ayúdame a agradecerte por todas las gracias que me has concedido en la vida. Ayúdame a ser luz para los demás y a abrirme a lo que los demás tengan que enseñarme.

Relación insana con la autoridad
Es interesante observar que Jesús dice a la gente que se someta a la autoridad de los fariseos. Les dice de “hacer todo lo que dicen” aunque les advierte que no deben seguir su ejemplo (Mt 23, 3). Cuando lo pensé por primera vez, me sorprendí. Ahí está el Hijo de Dios, aceptando la autoridad de los fariseos, porque su autoridad en la tierra representa la autoridad del Padre.

Los fariseos, por su parte, se indignan cuando ven a Jesús actuar con autoridad. Jesús demostraba su poder mostrando qué prácticas eran superfluas y qué era esencial según la ley. En respuesta a la autoridad divina de Jesús, los fariseos planean su muerte. Jesús reconoce la autoridad legítima, pero los fariseos, mientras que están al tanto de un aspecto de la misma, son ciegos a la fuente de la propia autoridad.

Como seres humanos pecadores, tenemos una relación ambigua con la autoridad desde el principio. Es difícil para nosotros reconocer la autoridad de Dios, no digamos la de sus mediadores en la tierra. Es verdad que la rebelión y el cuestionamiento saludable puede ser una cosa buena. Pero abusamos de esta verdad cuando desobedecemos cuando pensamos que sabemos más que Dios o cuando la crítica a los demás se convierte en una obsesión que nos lleva a hacer de la desobediencia un estilo de vida.

Jesús, ayúdame a tener la virtud de la obediencia en mi corazón para que pueda reconocer tu autoridad en la tierra y pueda ser más amable, dócil y llena de caridad.

Exactitud despiadada
En la parábola del fariseo y el publicano, mientras el fariseo se da palmaditas en la espalda, el publicano suplica misericordia. Es una dinámica interesante. El fariseo cree que está bien y que no necesita misericordia. Pero el publicano sabe que está enfermo, y que necesita a Dios.

Esta dinámica interna en uno mismo a menudo se extiende a los demás. Si nos vemos a nosotros mismos como poco necesitados de misericordia, no daremos misericordia a los demás. Si sabemos que necesitamos gran cantidad de misericordia de Dios, entonces extendemos esa misericordia a los demás. ¿Por qué es esto? Porque cuando sabemos que estamos necesitados de la misericordia, nos acercamos a Dios y él nos acuna en sus brazos. Cuando hemos experimentado este amor absoluto e incondicional del Padre, dudamos menos en dar el mismo amor a los demás. Lo conocemos, lo hemos experimentado, y nos desborda.

En todos los corazones crece a veces la frialdad del fariseo. Todos tenemos dificultad para sentir compasión por ciertas personas. Cuando esto sucede, pide ayuda al Señor que te ayude a ver tu propio pecado con mayor claridad, no para hundirnos en la culpa, sino para poder ver tu propia necesidad de aceptar la misericordia de Dios y extenderla a otros.
Jesús, acógeme en tu corazón misericordioso. Quiero ser un administrador de amor y misericordia para los demás; ayúdame a ser como Tú.

Lo opuesto a ser cristiano o a ser discípulo de Jesucristo no es ser pecador, es ser FARISEO:
- No se deja salvar gratuitamente por la gracia de Dios.
- Es cumplidor exigente y riguroso de la ley de Dios. 
- Le cobra a Dios. Se cree mejor que los demás, los juzga y los condena.
VER+:







lunes, 19 de febrero de 2018

🚶 EL CONSEJO DE ANTONIO ESCOHOTADO PARA LOS JÓVENES SOBRE LA LIBERTAD INDIVIDUAL


EL CONSEJO DE ANTONIO ESCOHOTADO 

PARA LOS JÓVENES QUE NADIE QUIERE ESCUCHAR (SPANISH LIBERTARIAN)
🚶
"Conócete, acéptate, supérate". 
San Agustín

"Ten el valor de conocerte, 
la virtud de aceptarte,
la voluntad de superarte".

El Filósofo Antonio Escohotado tiene un mensaje para los JÓVENES. ¿Te lo vas a perder?

- ¿Y los jóvenes qué hacemos?

- Que se las arreglen, que se las arreglen. Decir que les vamos a ayudar... Es lo contrario de ayudarlos, en la práctica. La libertad reclama que cada cual se la juegue. Que piensen por sí mismos.... Les decimos a la gente, eres libre, piensa por ti mismo... Ya lo decía el Oráculo de Delfos y Sócrates.... 

No sólo tienes que buscarte a ti mismo para encontrarte, tienes que pensar por ti mismo. Pensemos por nosotros mismos, asumamos responsabilidades plenas y completas, por nuestras propias acciones e ideas propias. Fomentemos la individualidad libre, creativa y responsable.



Libertad y responsabilidad individual

"Cuando te haces responsable de tus actos, estás muy cerca de la solución de tus problemas. El responsable es aquel que responde por sus actos, se hace cargo de sus consecuencias y aprende de ellas".
Uno de los aspectos mas sorprendentes de nuestra sociedad es la contradicción entre la defensa de la libertad individual y lo poco que la ejercemos. También sorprende lo mucho que se habla de responsabilidad y lo poco que la practicamos. Cuando parecen fuertemente consolidados los derechos del individuo como tal, mas nos aferramos al gregarismo y, lo que es especialmente preocupante, al gregarismo impuesto desde arriba. No solo renunciamos a nuestra individualidad sino que las decisiones que deberíamos tomar por nosotros mismos las depositamos en manos de entes de los cuales, en la mayoría de los casos, no sabemos ni quienes los dirigen ni cuales son sus verdaderos objetivos. Eso si no reiteramos nuestra confianza en personas, instituciones u organizaciones cuyas actuaciones nos han defraudado en el pasado. Así apoyamos a partidos políticos formados por personas a las que ni conocemos, que elaboran unos programas que nunca se cumplen, eso si no te dicen que “los mismos están para no cumplirse” como alegremente explicitaba algún político ya desaparecido. No solo no responden a las expectativas que ellos mismo crean, además son organizaciones endogámicas, cerradas sobre si mismas donde el individuo perteneciente no puede hacer uso de su individualidad sino atenerse a lo que los dirigentes manden y ejemplo de ello tenemos en el Parlamento donde las manos se levantan a la orden del comitre de turno. Pero también el simple ciudadano obedece esas mismas órdenes, pues vamos a votar a sabiendas de que volveremos a ser defraudados y ni siquiera, por lo menos en España, podemos elegir a nuestros representantes, sino a una lista de nombres que pertenecen a personas que no conocemos y cuya única actividad política es la de ser fieles al dirigente de turno.

Lo mismo ocurre con las ong´s, que, en verdad, son og´s, convertidas en instituciones burocráticas con férreas direcciones y donde los individuos que quieren colaborar no tienen otra solución que atenerse a lo ya establecido sin poder salirse del guión. O las organizaciones sindicales, verdaderas maquinarias de poder y ya no solo en las empresa, pues opinan sobre todo desde la mejora salarial a la guerra en el Líbano, que no permiten que ningún trabajador negocie por su cuenta aunque no pertenezca a un sindicato, pese a que la tasa de afiliación de los mismos no llega la 10% de todos los asalariados españoles. Pero, con la aquiescencia de los poderes económicos y políticos se han convertido en los únicos interlocutores reconocidos. Eso si, solo las organizaciones “permitidas” por el establishment, si se intenta crear otro sindicato todo son trabas.

Igual ocurre con las asociaciones de consumidores, clubes deportivos, y cualquier organización imaginable, todas con una fachada democrática de participación del individuo, pero, en realidad sin capacidad para variar nada de lo ya instituido, con lo que nos encontramos con un complejo socioinstitucional que no permite ejercer nuestra libertad por reconocida que esté en los textos legales.

¿Qué hacemos ante esta verdadera dictadura orgánica?, pues nada, porque otro de los problemas actuales es nuestra inacción, nuestra incapacidad, por acomodaticios o cobardes, para ejercer nuestra individualidad prefiriendo que nos lo den resuelto por falso que eso sea. Uno de los ejemplos mas claros al respecto es el de “todo gratis”, queremos que los libros de los escolares sean gratis, que los transportes o las piscinas sean gratis, pero para nosotros, porque en realidad lo que decimos es que paguen los demás, ya que esos elementos os servicios tiene un coste que alguien debe asumir.

Tampoco queremos asumir la responsabilidad ante nuestros actos y así si uno cae en la droga, la culpa es de la sociedad y debe ser esta quién le cuide, olvidando que la sociedad no existe como tal, que no es un ente propio y que quién se droga es una persona concreta que ha tomado su propia decisión y si hay familiares, éstos no lo han evitado en función de sus propias decisiones, sean las que sean. Muy grave es lo que está ocurriendo en el campo de la educación, donde no se forma a niños y jóvenes para ser individuos responsables, sino que se carga, ¡otra vez!, sobre la sociedad la responsabilidad de cuidarlos, mimarlos, no traumatizarlos, palabra estúpida donde las haya, para que se conviertan en unos seres débiles, incapaces de afrontar las consecuencias de sus decisiones, pues siempre hay alguien que le protege incluso en sus errores. Ello conlleva que esa irresponsabilidad esté haciendo de nuestra juventud unos elementos parasitarios, con escasas convicciones, poco conocedores del valor de las cosas y renuentes al esfuerzo.

Estas actitudes se plasman en las encuestas que sobre diversos temas se realizan, siendo significativas aquellas que una y otra vez dibujan el panorama antes expuesto, con escaso interés por el desafío profesional propio, la mayoría de los universitarios aspiran a ser funcionarios “de facto”, o por el sacrificio, casi todos se quejan del coste de los pisos pero ninguno de el de los conciertos, discotecas o marcas de moda, eventos o elementos en los que se gastan un dineral que bien podrían ahorrar para esa tan socorridamente cara vivienda. Simplemente con ello justifican la comodidad de seguir en el nido familiar sin asumir las responsabilidades inherentes a la autonomía individual.

Con estos planteamientos no es raro que la sociedad occidental esté tomando una deriva cada vez mas autoritaria en las decisiones, por mucho que, formalmente, vivamos en regímenes de libertad y ciertas apariencias así parezcan indicarlo, pues la realidad es que nuestra renuncia a ejercer nuestra libertad y responsabilidad individual nos pone en manos de quienes dirigen corporaciones e instituciones aparentemente sociales pero, en realidad, instrumentos de poder de individuos, estos si, que a través de la renuncia de la mayoría a su propia libertad, consiguen sus objetivos sean cuales sean los mismos.




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